Una venezolana que arrasa en Chile con su emprendimiento de diseños de cocinas.

Muchos de los migrantes venezolanos llegan a otros países a aportar su granito arena y este es el caso de Diana Fernández, una diseñadora de muebles que recomenzó en Chile innovando con un proyecto que ha marcado la diferencia no sólo por apostar a la excelencia del servicio, sino porque es un negocio dirigido por una mujer en un sector que suele estar dominado por los caballeros.

La @chicacarpintera ha sido un negocio que le permitió a Fernández y a su esposo, Carlos Giannotty, tener una nueva ilusión que se transformó en un verdadero éxito que les ha traído una gran oportunidad de vida tras su migración en 2019.

Chile es el tercer país del mundo que más migrantes venezolanos ha recibido y, según las bases de datos del gobierno de ese país, residen aproximadamente 500 mil personas.

Proceso que los llevó a crear este emprendimiento

Aunque al llegar a Chile todo cambió para ellos, ya que les tocó empezar desde cero, Diana tuvo que trabajar en una carpintería como vendedora, pero solo estuvo 15 días.

Me costó aceptarlo y sufrí. Ahora que lo pienso o que superé ese duelo, me río de mí misma, porque debí quedarme y aprender del proceso que se me prestaba”, sostiene Fernández.

Ya en su segundo empleo, en el que le tocó vender sepulturas en una funeraria, sí le sacó más provecho, ya que le sirvió para conocer al público chileno, proceso en el que nunca abandonó la idea de tener su propio negocio.

Su esposo, ingeniero de profesión, trabajaba en una carpintería y a ella se le ocurrió establecer una alianza para vender las cocinas. Ella se encargaría de comercializar este producto y los servicios asociados, mientras que la empresa se encargaría de la ejecución.

“Abrí una cuenta de Instagram y la llamé @chicacarpintera. Poco a poco subía fotos de trabajos y veía cómo se movía el negocio”, contó Fernández, de acuerdo con la prensa venezolana.

De esta manera @chicacarpintera empezó a vender cocinas y “en menos de un mes me encontraba visitado y diseñando cocinas”, detalló la emprendedora venezolana.

La comercialización a través de las redes sociales ha sido clave para ofrecer sus servicios y conseguir clientes.

Este emprendimiento venezolano ya tiene siete meses y más personas en su equipo. Al principio trabajaban hasta la madrugada y muchas veces les tocaba dormir en su carro porque les ganaba el cansancio.

Su emprendimiento le ha traído beneficios económicos, pero también una gran oportunidad para crecer como personas, porque les ha correspondido enfrentar múltiples desafíos que para superarlos deben dar lo mejor de sí.

El emprendimiento también les ha dado la satisfacción de ser factor de desarrollo en el país que les ha recibido, porque están creando puestos de empleo, y ahora tienen la ilusión de iniciar la primera escuela de melamina destinada a capacitar a migrantes venezolanos, para que aprendan un servicio que pueden ofrecer en cualquier parte del mundo y generar ingresos que les permita salir adelante.