Los retos de Guillermo Lasso

Los retos de Guillermo Lasso

El presidente electo tiene en sus manos el capital más importante: la voluntad de la sociedad por lograr un cambio
Los retos de Guillermo Lasso

El domingo 11 de abril Ecuador se decidió por la libertad, la democracia y la unidad. En una elección trascendental, Guillermo Lasso superó por cinco puntos porcentuales a Andrés Arauz, poniendo fin a más de una década de socialismo y abriendo la puerta a una alternativa basada en la libertad económica, el diálogo político y el encuentro social.

El panorama para la nación ecuatoriana se avista alentador, pero el proyecto de Lasso no es sencillo de cristalizar. Para cumplir esta propuesta, se requerirá de ajustes, decisiones oportunas y cohesión, todo dentro de un entorno de… Clic para tuitear

Reto económico

En lo económico, Lasso se enfrenta a una crisis importante. Se proyecta que el Producto Interno Bruto del Ecuador apenas crecerá 3,1% en 2021 luego de una severa contracción del 8,9% en 2020.

La falta de empleo adecuado aqueja al 70% de los ecuatorianos en edad de trabajar, al tiempo que la pobreza alcanza a un tercio de la población total. Y la situación fiscal tampoco es mejor, considerando que el déficit en 2020 alcanzó los $5.700 millones y el endeudamiento público llegó al 63% del PIB.

Para enfrentar este reto económico, sin embargo, Lasso cuenta con algunas herramientas a mano.

Por un lado, su postura en favor de la libertad económica desde ya ha generado confianza en los mercados internacionales llevando el indicador de riesgo país a la baja, lo cual de mantenerse disminuiría las tasas de interés y atraería mayor inversión extranjera al país. Esto, acompañado de la prometida flexibilización laboral y simplificación de trámites para iniciar nuevos negocios, facilitaría la creación de numerosos puestos de trabajo, reduciendo así el desempleo y mejorando el nivel de vida de los ecuatorianos.

Por otro lado, la propuesta del presidente electo de reducir el gasto público y elevar la producción petrolera y minera ayudaría a reducir la brecha fiscal, al tiempo que se continuaría cumpliendo con los lineamientos establecidos por el Fondo Monetario Internacional sin elevar impuestos, manteniendo abierta esta importante línea de financiamiento para el Estado ecuatoriano sin afectar de más el bolsillo de los ciudadanos.

Reto político

En lo político, el escenario no es menos complicado. La gobernabilidad será uno de los retos más desafiantes para Lasso, considerando la fragmentación de la nueva Asamblea Nacional.

El parlamento de 137 escaños estará conformado por cinco fuerzas principales: la coalición UNES (del candidato perdedor Arauz) que ostentará 49 curules; el movimiento indígena Pachakutik que ocupará 27 escaños; el Partido Social Cristiano que contará con 19 asambleístas; el partido Izquierda Democrática que tendrá 18 legisladores y el movimiento CREO (del presidente electo Lasso) que contará con 12 parlamentarios. Esto implica que, sin alianzas entre los bloques, no habrá posibilidad de aprobar leyes fundamentales que viabilicen el proyecto de Guillermo Lasso.

No obstante, una vez más, el presidente electo tiene varias oportunidades disponibles para alcanzar sus objetivos.

Primeramente, podría apuntalar su alianza con el Partido Social Cristiano y trasladarla de la contienda presidencial a la asamblea. De tener éxito, se formaría inicialmente el segundo bloque más numeroso del parlamento con 31 asambleístas. Luego, podría incluir en su gabinete ministerial a miembros de otras fuerzas políticas como la Izquierda Democrática, de forma que siendo partícipes del proyecto de Lasso sean más proclives a colaborar dentro del parlamento o incluso llegar a conformar una coalición.

Por último, el movimiento CREO podría apoyar la intención de Pachakutik de alcanzar la presidencia de la asamblea, como gesto que demuestre la predisposición de cooperar entre bloques.

En cualquier caso, la bancada lassista dentro del legislativo deberá exhibir las mismas cualidades democráticas de su líder para deliberar, negociar y llegar a consensos con las demás fuerzas políticas que permitan avanzar tanto como sea posible los proyectos de ley prioritarios para la agenda del presidente, sobre todo los relacionados a la reforma tributaria, la flexibilización laboral, la autonomía educativa y el fomento del emprendimiento y la productividad.

Reto social

En lo social, más de diez años de régimen socialista han dejado sentimientos de desconfianza, exclusión y polarización en la población ecuatoriana.

Por un lado, las instituciones estatales sufren desde hace tiempo de una profunda crisis de credibilidad en los ojos de los ciudadanos; sensación que se ha visto exacerbada por la aparición de múltiples casos de corrupción y problemas de gestión gubernamental en relación con la pandemia del COVID-19. Por otro lado, diversos grupos sociales como los colectivos feministas, los activistas ambientales y la comunidad LGBTI han visto como sus intereses no han sido considerados en la agenda nacional y como sus causas han sido minimizadas o incluso ignoradas.

Ante esto, Guillermo Lasso tiene que volver realidad el lema que terminó dándole la victoria electoral: construir el Ecuador del encuentro, un país en el que más allá de las diferencias, todos los ciudadanos puedan convivir y trabajar libremente en la consecución de un mejor porvenir.

Para empezar, podría reflejar este sentido de inclusión en su gabinete de ministros y equipo de funcionarios principales, nombrando hombres y mujeres de distintos perfiles que puedan aportar con sus experiencias y conocimientos diversos al proyecto país.

Segundo, desarrollar políticas públicas que combatan la exclusión y promuevan la igualdad de todas las personas ante la ley. Y finalmente, implementar medidas anticorrupción que permitan elevar la transparencia de la gestión gubernamental y restaurar la confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas.

Pero más allá de la dificultad de estos desafíos que se avecinan, el presidente electo tiene en sus manos el capital más importante: la voluntad de la sociedad por lograr un cambio. Después de sufrir los males del estancamiento, la prepotencia y la división de la era correísta, los ecuatorianos han decidido darse a sí mismos la oportunidad de tener un país con un modelo diferente, donde sus sueños y proyectos estén al alcance.