Los relatos de los policías heridos en las vandálicas protestas en Colombia

Las historias y vivencias de los policías colombianos tras 12 días de vandálicas protestas que ya dejan varios funcionarios muertos y cerca 850 uniformados heridos
Más de 800 policías heridos en las protestas
En las protestas en Colombia, consideradas unas de las más violentas de las que se tenga conocimiento en este país suramericano, ya hay cerca de 850 policías heridos en las manifestaciones.
Siempre hay dos versiones de los hechos. The Latam Post se adentra en algunas de las historias y vivencias de los policías colombianos y sus familias, quienes han muerto o han sido heridos en las protestas y jamás pensaron que transitarían entre la vida y la muerte mientras cumplían con su deber, cuidar, proteger y salvar a otros.
He aquí algunas de sus dolorosas historias físicas, pero también espirituales, cicatrices que perdurarán de por vida en el alma de estos funcionarios que como bien dice el patrullero Ángel Gabriel Padilla, quien recibió 27 puñaladas llenas de una incomprensible e injustificable rabia: “Somos humanos y al igual que todos sentimos dolor, hambre, rabia, amor, frío o calor. Todos somos colombianos, y los uniformados somos los que menos culpa tenemos en este inconformismo social.”

“Mi hijo amado, mi tesoro”

A los pocos días de iniciarse las protestas, el ministro de Defensa, Diego Molano, hizo referencia a que entre las víctimas estaba lamentablemente un policía, no aportó mayores detalles, pero tras ese anuncio hay una dolorosa historia de un padre, un hijo y un funcionario colombiano que dedicó su carrera a ayudar a los demás.
La señora Ana Silvia Beltrán, según registra el portal de la revista Semana, rememora dolorosamente a su amado hijo, Jesús Alberto Solano, capitán de la Policía, director de la Sijín en Soacha, de 34 años.
“Mi hijo amado, mi tesoro”, recuerda mientras se le quiebra la voz.
Solano, al iniciarse esta escalada de protestas, al parecer vio un conato de saqueo de un cajero automático, ubicado en la autopista Sur con calle 22, en el municipio de Cundinamarca.
En medio de esta gran confusión e intentando controlar la situación fue vilmente asesinado de cinco puñaladas, golpeado y pateado por una turba de desadaptados de los cuales ya varios han sido capturados, durante dos días luchó por su vida en una UCI y finalmente sucumbió ante todos los esfuerzos por salvarlo.
El capitán Solano como muestra de su dedicación por ayudar a otros dejó como recuerdos 132 Felicitaciones y 10 Condecoraciones. Estaba a punto de defender su tesis doctoral en educación en la Universidad de La Salle.

27 puñaladas y un milagro

Al aproximarse a una barricada en esa noche oscura en la vía que conecta a Cali con Yumbo, el patrullero de policía Ángel Gabriel Padilla, aún vistiendo de civil, presagió que habría problemas.
Le pidieron que mostrara todo y cuando vio que los amenazantes individuos bajaban el cierre de su bolso su tiempo se detuvo. Al retumbar en sus oídos el grito “¡Tombo infiltrado, asesino!”, sabía que habían descubierto su uniforme y allí sintió el indescriptible dolor de una filosa puñalada que penetró en su costado.
Inmediatamente lo rodearon entre golpes, patadas y armas blancas, ya en su convalecencia, cuando despertó de la muerte supo que habían sido unas 27 puñaladas.
Solo recuerda que intentó correr y cayó, ahí le arrancaron la ropa con rabiosa saña, como pudo se paró y corrió semidesnudo entre las fauces de la noche. El médico le comentó a su familia que uno de los cuchillos rozó su arteria aorta.
Era un milagro por la cantidad de puñaladas que había recibido y la cantidad de sangre perdida.
Cuando estaba en ese piso petrificantemente sucio y helado recordó como su esposa Yenedith Quiroz, siempre le pedía que guardara el uniforme en casa si no era necesario llevarlo, no le había hecho caso.
Ahora con tantas heridas en su cuerpo sabe que esa advertencia de su esposa tendrá 27 cicatrices para recordar.
La esposa de Padilla, también patrullera y conocedora del peligro al que se exponen los funcionarios y aún más en el contexto de estas violentas protestas, reflexionó entre lágrimas: “no imaginé jamás que la misma ciudadanía por la que velamos intentara quitarnos la vida”.

“¿Por qué dicen que los policías son asesinos? Mi papá no es asesino”

El Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional (Goes), al cual pertenece el intendente José Luis Rodríguez, fue llamado a intervenir ante las violentas acciones que se estaban suscitando en el barrio Siloé, en Cali.

Ya sabían que iban a enfrentar una situación compleja porque que para eso fue creado este grupo comando de la policía colombiana.

Rodríguez no tuvo mucho tiempo de nada, ya que al llegar al sitio, y en medio de una balacera, sintió un fuerte impacto en su rostro, acompañado del salino dolor de la sangre que bañaba su cuerpo.

Siempre había escuchado, “la sangre cuando hay una herida en la cabeza, es escandalosa”, pero no daba crédito a la enorme cantidad de sangre que lo bañaba y allí sintió el miedo a morir, sus compañeros lo atendían mientras él les repetía como un poseso que cuidaran a su esposa e hija de 11 años.

Precisamente su hija ante este gran estado de alarma que azota a Colombia, repetía: “¿Por qué dicen que los policías son asesinos? Mi papá no es asesino”.

Un disparo de fusil fue lo que impactó en el rostro del intendente Rodríguez. El proyectil se pasó a 2 milímetros de su cerebro y destruyó por completo el globo ocular y luego de debatirse entre la vida y la muerte, está vivo con su esposa e hija.

Según la revista Semana, Rodríguez y otros nueve funcionarios más han sido heridos con armas de fuego.

Cuando la ambulancia es la moto policial

El patrullero Yeison Carvajal relata cómo con dos de sus compañeros tuvieron que atravesar la ciudad en moto con él herido de bala en el abdomen, mientras la gente le lanzaba piedras y les gritaban.

Eran tres funcionarios del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad), fácilmente identificables por los protestantes violentos.

Tenía pena con mis compañeros porque los estaba ensuciando, pero ellos me decían: no se preocupe, lo más importante ahora es que logre sobrevivir. Yo pensaba en mi mamá, no la podía dejar sola. Soy el que responde por ella y yo le dije que me cuidaría, mientras empacaba la maleta la noche anterior cuando mis superiores me dieron la orden de que me trasladara de Cúcuta a Cali para apoyar en esta misión”, rememora ya en estado de recuperación.

El patrullero que perdió un pie por una papa bomba

Luis Guerra, patrullero de 27 años, custodiaba una de las manifestaciones cuando de pronto llegó un grupo de infiltrados encapuchados, esos infiltrados que tanto se han denunciado, que imprimen agitación y violencia a las protestas.

Guerra no sabe cómo ni de dónde se la arrojaron, solo sintió el estruendo y el enorme dolor, al disiparse el humo vio su pie derecho abierto. Los encapuchados le habían lanzado una papa bomba.

Los médicos que lo intervinieron de emergencia encontraron vidrios, tuercas, materia descompuesta, basura y pólvora, incrustados entre sus piernas y en el pie que recibió el mayor daño.

Todo tiene un antes y un después, pero solo están mostrando cuando nosotros entramos a defender. Nos vemos como los malos del paseo, pero no podemos dejar que nos maten o que maten a civiles. Tenemos que mantener el orden”, expresó el patrullero Luis Guerra, luego de perder un pie en las protestas.