¡Libre porte de armas ya!

Prohibir el porte de armas es facilitarles el trabajo a los delincuentes, dejando a la sociedad indefensa ante cualquier ataque
Prohibir el porte de armas es facilitarles el trabajo a los delincuentes dejando a la sociedad indefensa ante cualquier ataque.

Esta semana la senadora María Fernanda Cabal presentó un proyecto de ley que busca eliminar la figura de porte especial de armas, creada en 2016 y que suspende los permisos de porte de armas de fuego y deja la potestad a las autoridades militares para expedir permisos especiales mediante los cuales se pueden portar estas armas.

Según la senadora, “cerca de 400.000 licencias que había en 2016 pasamos a 6.000, mientras 2,5 millones de armas ilegales circulan en el país y son usadas en la gran mayoría de los delitos”.

Sin embargo, existen expertos como Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), que considera que el límite al porte de armas debe mantenerse “porque efectivamente ha contribuido a reducir la violencia, hay estudios que así lo demuestran, no solo la violencia homicida sino también de lesiones personales por arma de fuego”.

Él cree que la responsabilidad principal de proteger la integridad de los ciudadanos es de la fuerza pública y no de nosotros, y que, contrario a lo que plantean los congresistas, flexibilizar el porte facilitaría la desviación que hoy ya ocurre hacia la delincuencia.

“En últimas es un aumento de la oferta de armas a disposición del crimen organizado y la delincuencia. Mantener las restricciones a los permisos de porte de armas de fuego facilita el control de armas porque es así como fácilmente cualquier miembro de la fuerza pública puede identificar si un arma está amparada por el Estado para ser portada o no”, argumenta Restrepo.

Sin embargo, esta postura carece de criterios de realidad, yo no puedo tener un policía en mi bolsillo, pero sí un arma.

No tiene sentido que ocurran masacres en las que asesinos pueden durar incluso horas matando gente, y la gente buena y desarmada debe esperar a que llegue la policía. Si un ladrón entra a su casa, tenga por seguro que un arma será mucho más efectiva que un celular para proteger su vida.

Por otro lado, si la postura del señor Restrepo fuese cierta, se tendría que haber reducido las muertes violentas tras la restricción del año 2016, lo cual no pasó. Colombia tuvo con 12.586 asesinatos en 2018, 349 más que en 2017.

Si a esta situación la ubicamos en el nivel regional, lo que encontramos es que las medidas de restricción al porte de armas no son concluyentes en los países que se han implementado. Por ejemplo, en El Salvador en 2005 se desarrolló un programa piloto en dos municipios donde se crearon restricciones para poseer armas y se invitó a quienes tenían armas a entregarlas.

Los resultados de esta medida mostraron que, en los dos municipios salvadoreños, los homicidios se redujeron en un 49 y 47 por ciento, respectivamente, en los primeros cinco meses. Sin embargo, posteriormente la tasa volvió a aumentar.

Mientras en estos países se prueba la ruta antiarmas, existen países que buscan otras alternativas.

Uruguay, por ejemplo, que es el segundo país más armado de América, también tiene una tasa baja de homicidios por armas. Clic para tuitear

El país suramericano cuenta con 32,6 armas por cada 100 habitantes y solo 4,78 personas por cada 100.000 habitantes son asesinadas al año.

En el caso de Estados Unidos, el país más armado del mundo con 101,05 armas por cada 100 habitantes y es el tercer país en el que mueren menos personas por cuenta de homicidios con armas de fuego, detrás de Argentina y Canadá.

En contraste, en el país en que más mueren personas al año por armas es Honduras, que cuenta con 9,9 armas por cada 100 habitantes.

Venezuela, el segundo país en donde mueren más personas asesinadas por armas de fuego, cuenta con una cantidad de 11,2 armas por cada 100 habitantes.

Por lo tanto, tener más armas no significa que todos nos vamos a convertir en unos sociópatas y que nos vamos a matar. Estas cifras destruyen la principal hipótesis de quienes abogan por la medida de prohibir las armas de fuego.

Es mentira que a mayor cantidad de armas en una sociedad aumenta el número de asesinatos. No es cierto que si se legaliza su tenencia, las sociedades se convertirán en el escenario de alguna película apocalíptica donde reina la ley del más fuerte.

No tiene sentido esperar que los criminales acaten las leyes como dice el señor Restrepo, porque precisamente lo que hacen los asaltantes, violadores y asesinos, es vivir en la ilegalidad.

Prohibir el porte de armas es entonces facilitarles el trabajo a los delincuentes dejando a la sociedad indefensa ante cualquier ataque.

Los únicos que quedarán desarmados al expedirse una ley en contra de la libre tenencia son los ciudadanos decentes, aquellos que cumplen las normas.

El señor Restrepo parece no darse cuenta que permitir el libre porte de armas beneficia a los más indefensos: ancianos, discapacitados, mujeres, personas físicamente débiles, gente de escasos recursos que viven en lugares peligrosos.

Pero claro, resulta que quienes están en contra de estas iniciativas, como por ejemplo, el consejero de Seguridad Nacional, Rafael Guarín, no sufren los problemas que padece la gente común.

Este burócrata vive rodeado de guardaespaldas y desde su seguridad se opone a que los ciudadanos comunes nos podamos defender de la delincuencia. Las armas deben estar prohibidas para todos excepto para ellos, que sí pueden disfrutar del derecho natural a defenderse.

En Colombia necesitamos libre porte de armas y no consecuencias a los héroes que defiendan su propiedad privada.