niños venezolanos no acompañados que llegan a Colombia

Las difíciles y peligrosas situaciones por las que atraviesan los niños venezolanos que emigran solos a Colombia huyendo del hambre causada por la dictadura de Nicolás Maduro, han escrito el más nefasto capítulo en la historia de la infancia latinoamericana.

Vivencias desgarradoras y extremadamente crueles que hacen que hasta el más indiferente tenga que sostener la respiración y no logre evitar sentir un nudo en el estómago. Niños solos e indefensos sin apoyo ni protección de ningún adulto, expuestos a sicarios, traficantes de drogas, traficantes de órganos, prostitutas y violadores.

Niños que en muchos casos no llegan ni a los 14 años y que, por un pan que les permita saciar el hambre ese día, han sido usados por los más crueles criminales para que les ayuden en delitos o para que sirvan como objeto o mercancía que venden y ultrajan sin sufrir ninguna consecuencia.

La dramática situación fue reseñada por Caracol Televisión en un reportaje especial que deja helada la sangre.

En toda la línea que divide a Colombia de Venezuela, relativamente cerca de los puestos fronterizos de las fuerzas públicas de cada país, hay un lugar conocido como “La arrocera”, justo ahí vive parte de los menores, vulnerables a robos, violaciones y hasta asesinatos, debido a una aterradora banda de antisociales bautizada como el “Tren de Aragua”, la cual se enfrenta al grupo de terroristas ELN por control de territorio para el tráfico de drogas y demás actividades criminales.

Los niños a su corta edad ya han vivido una verdadera tragedia en sus vidas. Según cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), solo en esa zona fronteriza viven más de 30 niños no acompañados.

Pero la cifra podría ser mayor si se recorren las calles de la zona de La Parada y de Villa del Rosario, la pequeña y empobrecida población fronteriza, la primera que se encuentra al llegar a Colombia a través de la ruta de San Antonio del Táchira y del Puente Internacional Simón Bolívar, por donde cruza la mayoría de venezolanos que emigran.

En ese poblado hay extendidos cinturones de miseria en los que abundan casos de niños sin sus familias deambulando por las calles pidiendo en cada esquina o reciclando basura, así como viviendo en casa de personas desconocidas, que les ofrecieron que se quedaran bajo techo y tener comida a cambio de ocuparse de labores domésticas.

Solo sueñan con comer todos los días

Menores migrantes recorren hasta 800 kilómetros con la ilusión de cumplir su sueño, que es solo comer todos los días y poder ayudar a su familia en Venezuela. Otros huyen porque están desde pequeños a la intemperie de las calles venezolanas por descuido de sus padres que no encuentran cómo cubrir ni sus propias necesidades.

Viajan ilusionados, muchos engañados. Al llegar al lugar se enfrentan con la realidad. El panorama no es como se imaginaban: Más pobreza y peligros de los que podía tener en sus entornos.

El dolor, la frustración, la rabia y la depresión juegan con sus mentes, no saben qué hacer, no tienen capacidad para discernir ni de procesar lo que les está pasando, los riesgos inminentes. Tampoco pueden llegar a pensar las maldades y crueldades a las que pueden ser sometidos por otro ser humano; apenas son unas criaturas y no tienen las herramientas para afrontar el terrible desafío o para defenderse y huir.

A pesar de lo vivido, no desean devolverse a Venezuela, ya que al menos en Colombia se rebuscan con cualquier oficio que les da para llevar un pan con queso todos los días a sus improvisadas casas de cartón y bolsas de plástico ubicadas en medio del campo, cerana a una de las quebradas del peligroso río Táchira. En su país no encuentran ni las esperanzas.

Historia devastadora

El relato de una niña migrante de 14 años es uno de los más estremecedores, deja a cualquier ser humano con la piel de gallina. “Evelyn” le confesó a “Los Informantes” de un medio local que para no morirse de hambre, a los 13 años tomó la decisión de prostituirse por un poco más de un dólar estadounidense.

Esa cantidad le permitía comprar una pequeña bolsa de pan y 4 lonjas de queso o un almuerzo sencillo en la calle, comida para sostenerse y que en muchas ocasiones compartía con otros niños en su misma situación.

Evelyn fue violada por tres hombres y el brutal ataque casi le cuesta la vida, por lo que dejó el mundo de la prostitución a finales de 2020. En los últimos meses ha recibido apoyo de organizaciones de la sociedad civil, que se ven sobrepasadas ante tanta pobreza y heridas emocionales de las criaturas.

Ayudar a estos niños es una acción con la que cualquiera puede resultar afectado y para lo que hay que contar con apoyo profesional para procesar las emociones que se generan.

Cifras impactantes

Las autoridades colombianas señalan que entre octubre de 2020 y febrero de 2021, desde que se reactivó el flujo migratorio por pasos ilegales desde Venezuela a Colombia, se contabilizaron 431 menores venezolanos, entre niños y adolescentes, no acompañados que llegaron al país suramericano.

En Venezuela, el nivel de pobreza es alarmante. Entre 2005 y 2019 la incidencia de la pobreza monetaria pasó de 34,4% a 96,2%, según un estudio de la Universidad Católica Andrés Bello y el Instituto de Estudios de Investigaciones Económicas y Sociales.

El porcentaje correspondiente a la pobreza extrema aumentó de 10,7% a 79,3%. Casi 80% de los venezolanos no tienen los recursos necesarios para adquirir los alimentos básicos.

Mientras, cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, publicadas en marzo de este año, indican que Venezuela se encuentra entre los 25 países en riesgo de agudización de la inseguridad alimentaria, debido a su deterioro económico continuo e impactos socioeconómicos del COVID-19.

 

Información redactada por las periodistas Dayana López y Carola Briceño