La invasión consentida o cómo Cuba penetró al gobierno de Venezuela

La invasión consentida o cómo Cuba penetró al gobierno de Venezuela

"La invasión consentida" se titula el libro en donde Diego G. Maldonado narra cómo Cuba penetró al gobierno de Venezuela para consolidar régimen dictatorial
"La invasión consentida" de Cuba a Venezuela
«La invasión consentida» se titula el libro en donde Diego G. Maldonado, seudónimo para evitar represalias, narra cómo Cuba penetró al gobierno de Venezuela para consolidar un régimen dictatorial que mantiene secuestrado todo el país.
Durante los primeros 10 años en el poder, Chávez realizó 24 visitas oficiales a la isla y expresó en muchas oportunidades su admiración por Fidel Castro, conocerlo fue el clímax de su fascinación de hijo a padre , manifestado en sus propias palabras en 2009: “Fidel me hizo el honor —gracias, mi Comandante— de convertirme en hijo suyo, y yo así me siento”.

El perfecto manual del control social

La historia de la dictadura de Cuba es la misma de Fidel, sin duda, mantener el poder fue su objetivo estratégico, su epicentro rodeado de la más absoluta precariedad, destrucción y desidia.

Esa experiencia compartida de maestro a alumno, Maldonado la destaca en su libro: “Gracias a Castro —un espejo en el que le gusta reflejarse— el presidente venezolano aprende lecciones invalorables para neutralizar a sus enemigos, perpetuarse en el poder y mantener el control social”.

En su conexión digital con Infobae a través de correos electrónicos, Maldonado analizó ese vínculo, «mezcla de devoción psicológica con capital simbólico para las ambiciones políticas del militar que en 1992 participó en un golpe de estado y que en 1999 llegó al palacio de Miraflores por los votos».

“No se puede separar una cosa de la otra. Hay una mezcla de todo. Su admiración por Fidel Castro, sus intereses y ambiciones, su concepción del poder, del rol de los militares y su visión del mundo”.

“Pocas veces en la historia se ha visto una identificación personal y una compenetración tan profunda como la de Hugo Chávez con Fidel Castro”, continuó.

“El propio Chávez decía que se sentía como hijo de Castro. Pero el vínculo fue más allá del plano afectivo y de las relaciones bilaterales».

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La invasión consentida con cesión de la soberanía

Aunque el foco temático de La invasión consentida está en la cesión de soberanía de Venezuela ante Cuba, la investigación expone detalles sobre intercambios económicos de enorme importancia:

«Únicamente durante el primer año de Chávez en el gobierno, Venezuela desplazó a España como principal socio comercial de Cuba, con USD 912 millones en negocios. Esa cifra creció año tras año: USD 2.460 millones en 2006, USD 7.100 millones en 2007, USD 13.000 millones en 2010″.

“Tres meses después de asumir el poder, Chávez envió una delegación de la petrolera estatal PDVSA a La Habana y al año siguiente incorpora la isla al Acuerdo Energético de Caracas. El pacto ofrece a países de Centroamérica y el Caribe la venta de crudo con un financiamiento de 15 años al 2% de interés”, se lee en el libro.

Y en octubre de 2000, «con la firma del Convenio Integral de Cooperación, se acordó que Cuba recibiría 53.000 barriles diarios de petróleo a cambio de servicios y productos.»

«Cuatro años más tarde esa cifra pasó a 90.000 barriles diarios de crudo, y poco después la provisión llegó a superar lo que Cuba necesitaba, 115.000 barriles diarios. Con el sobrante, la isla se convirtió, increíblemente, en exportadora de petróleo para el mercado internacional, por hasta USD 765 millones en 2014.»

—¿Qué críticas se observaron en el momento de los acuerdos de cooperación, y sus sucesivas modificaciones cada vez más ventajosas para Cuba?, pregunta Infobae.

—El hecho de que Venezuela vendiera petróleo en condiciones ventajosas nunca fue objeto de críticas hasta que la balanza se inclinó hacia Cuba con un sesgo político tan notable. Desde los ochenta, Venezuela y México ayudaban a varios países de América Central y el Caribe a través del pacto de San José.

La opacidad de los acuerdos con la isla, la politización del asunto por parte de Chávez y su exaltación de los trabajadores cubanos, por encima de los propios venezolanos y de otros trabajadores extranjeros, creó resquemores desde el principio.

Las críticas aumentaron cuando se reveló la verdadera dinámica del intercambio de petróleo por servicios profesionales cubanos.

PDVSA pagó USD 13.000 mensuales por cada médico cubano

El libro proporciona datos acerca de uno de los temas más controversiales de los regímenes de Chávez y Maduro, la invasión de trabajadores cubanos. “Por Venezuela han pasado más de 220.000″, explica Maldonado .

“Bajo la fachada de la cooperación humanitaria, se montó una operación política destinada a subsidiar a Cuba y adoctrinar a los venezolanos más pobres», denunció el autor de La invasión consentida.

La Habana negocia el trabajo de sus ciudadanos como si fuera una mercancía. Les paga una cantidad mínima y obtiene ganancias extraordinarias.

Gracias a Venezuela, la explotación laboral de trabajadores cubanos —el castrismo habla de “exportación de servicios profesionales”— se convirtió en la principal fuente de ingresos de la isla, por encima del turismo y las remesas”.

La invasión consentida ilustró: “La petrolera estatal llegará a pagar hasta USD 13.000 mensuales por el trabajo de un médico cubano que apenas recibirá USD 300 como salario. La ganancia supera los USD 150.000 anuales por cabeza”.

—¿Qué impacto tuvo entre la población la presencia de estos trabajadores?

—En un país tan polarizado como Venezuela, las opiniones se dividieron a favor y en contra. La mayoría de los chavistas y los beneficiarios de los programas asistenciales ejecutados por los cubanos lo apoyaron. Poco le importa a un enfermo la nacionalidad del médico que alivia su malestar o a un alumno la nacionalidad del maestro.

Funcionarios cubanos consolidaron un Estado policial

Cada página de este libro va descarnando verdades hasta ahora ocultadas por el régimen, «funcionarios y asesores cubanos trabajaron con el gobierno en toda la plataforma de la administración pública y en los servicios de inteligencia para consolidar un Estado policial.

Si hay algo de lo que puede vanagloriarse el castrismo es de su enorme experiencia en materia de control social y represión política.»

«De foma paralela a esa dotación de recursos para el sostenimiento de un orden nacional, la revolución cubana nunca logró la prosperidad, y ni siquiera la independencia económica:

tras años de subvención de la Unión Soviética, la isla sufrió una crisis descomunal —el periodo especial, como se lo llamó, en alusión a una escasez similar a la de la guerra pero en tiempos de paz— con la caída del bloque socialista.

Esa incapacidad de gestión se trasladó a Venezuela», situación que Maldonado argumenta relacionándola con las sanciones.

Venezuela: un país quebrado y empobrecido

Tal parece que la mala gestión cubana también fue copiada por Venezuela, resalta el autor de La invasión consentida: “Venezuela es un país quebrado y empobrecido. La economía y los servicios públicos comenzaron a crujir antes de la imposición de sanciones económicas por parte de Washington”.

«Una de las características de la economía cubana ha sido el control directo de la gestión empresarial que ejercen las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Y ese modelo parece copiado en Venezuela:

Con Chávez en el poder, la cúpula militar adquirió un poder económico sin precedentes”, resumió el autor de La invasión consentida.

En Cuba al igual que en Venezuela, “Los militares se encargaron del manejo de divisas, de la banca pública, de la oficina de recaudación de impuestos, la Tesorería, de compañías estatales y de sectores clave de la economía.

Para nadie es un secreto que varios de esos funcionarios hoy son millonarios”, agregó. “Los militares administran las aduanas del país y manejan actividades como la importación y distribución de alimentos.

Pero además, Maduro abrió la posibilidad de que las fuerzas armadas tengan su propia corporación de empresas con más de una docena de compañías, entre las que destaca una petrolera, la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras Petrolíferas y de Gas, Camimpeg, una caja negra de la que poco se sabe”.

Y eso sin hablar de otras actividades abiertamente delictivas, recuerda Maldonado, como para que no se le olvide:

“Mucho se ha hablado de la participación de militares en actividades de contrabando de gasolina hacia Colombia, explotación de minas en el sur del país y narcotráfico pero lo que sabemos de estos temas es por los trabajos de otros colegas”.

—En los últimos años, Venezuela no ha podido mantener ese nivel de subvención a Cuba: ¿cambió algo por eso?, pregunta Infobae.

—El subsidio ha disminuido y eso se siente en la isla, pero la influencia del gobierno cubano en Venezuela se mantiene intacta.

A estas alturas, ya ni siquiera se molestan en negarlo. En 2020 Maduro incorporó al embajador cubano en su consejo de ministros. Lo que ha cambiado es el flujo de petróleo y dinero desde Venezuela debido a la crisis económica.

En el área de salud había 22.000 trabajadores cubanos en el país a finales de 2020, 10.000 menos que en 2012. Sin embargo, son bastantes si se toma en cuenta la situación económica del país.

La relación de subordinación a La Habana se mantiene y raya, a veces, en la servidumbre. Con la industria petrolera arruinada, Maduro ha llegado al extremo de importar gasolina de otros países para enviarle a Cuba.

Cuando el seudónimo protege a los periodistas

Denunciar todo eso, y documentarlo, hizo que la persona, o las personas, detrás de La invasión consentida decidiera o decidieran emplear un seudónimo. En Venezuela, explicó Diego G. Maldonado, “todos los periodistas independientes estamos sometidos al escrutinio por parte del gobierno”.

Unos más, otros menos, según su visibilidad, continuó. “Las acciones van desde la intimidación abierta a través de programas de la televisión estatal y las redes, el espionaje a correos electrónicos y teléfonos celulares o el hackeo de cuentas de Twitter, entre las más ligeras, hasta golpizas de supuestos seguidores del chavismo durante alguna cobertura, el acoso policial en caso de manifestaciones y las detenciones por acusaciones fabricadas, algún tuit incómodo o, simplemente, por coberturas que el gobierno considera inconveniente como la visita a un hospital o una prisión”.

La persecución en los tribunales es otro clásico: “También han usado demandas judiciales por destapar casos de corrupción, que han obligado a más de un colega a irse del país.

Los periodistas se enfrentan a represalias como prohibición de salida del país, presentación periódica en tribunales y, en algunos casos, a la anulación de su pasaporte, un castigo extra judicial que equivale al confinamiento dentro del país”.

En síntesis —concluyó Maldonado— “el abanico de acciones es tan amplio que no existe un temor en particular sino un clima general de arbitrariedad, hostigamiento y amenaza constante”, por lo cual se decidió la protección de la identidad de quien publicó La invasión consentida.

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