A Jeanine Áñez se le dictó como prisión preventiva el Centro de Orientación Femenina de Obrajes

La expresidente interina de Bolivia Jeanine Áñez, detenida el sábado por el gobierno socialista de Luis Arce por presuntamente haber participado en un golpe de Estado contra Evo Morales en 2019, enfrenta una profunda depresión que la ha llevado a declararse en huelga de hambre y a desistir de seguir luchando.

La dirigente político, contra la que los socialistas han emprendido un proceso que violentaría sus derechos, no ha recibido a nadie durante las últimas horas, informó la presidenta de la Asamblea de Derechos Humanos (APDHB), Amparo Carvajal.

Áñez, quien antes de asumir como presidente interina era la vicepresidente segunda del Senado, fue sacada de su vivienda en ropa de dormir a medianoche por decenas de hombres armados, quienes, por instrucción de la Fiscalía, la llevaron contra su voluntad hasta la ciudad de La Paz para ser detenida de manera preventiva en la cárcel de mujeres de Obrajes.

Quiere morirse, porque ¿para qué vivir?“, relató Carvajal, quien precisó que la depresión que tiene es “muy fuerte”.

Áñez, quien además presenta un complejo cuadro hipertensivo, solo ha aceptado hablar con su abogado.

Las autoridades bolivianas no han autorizado que la exmandataria reciba atención médica, lo cual complica aún más su cuadro de salud. Clic para tuitear

Los familiares, que se mantienen en vigilia en la parte externa de la cárcel, temen el peor escenario ante los cuatro meses de prisión preventiva que le han dictado a Áñez mientras la Fiscalía investiga si hubo o no un supuesto golpe de Estado contra el líder cocalero.

La instancia realiza las pesquisas a pesar de que hay múltiples videos, audios e información que demuestran cómo Evo Morales y su vicepresidente renunciaron y acto seguido huyeron del país para no enfrentar la justicia por las irregularidades detectadas en las elecciones que en ese momento acababan de celebrarse.

Tras los comicios, con los que Morales pretendía gobernar por cuarta vez, contraviniendo el propio marco normativo boliviano, la Misión de Observación de la OEA alertó de las irregularidades presentadas en el proceso.

Justamente las múltiples denuncias de hechos irregulares en las elecciones llevaron a miles de bolivianos a salir a las calles a enfrentarse al régimen de Morales, quien recurrió a la represión contra las legítimas manifestaciones ciudadanas.

En medio de esa crisis política, Morales renuncia y se marcha. Inmediatamente hubo dirigentes de su partido que se escondieron y no respondieron a los llamados institucionales, lo cual llevó a que se activara un proceso de transición para llenar el vacío de poder que dejó la huida del líder cocalero.

Tras varias disputas, a la entonces senadora Jeanine Áñez le correspondió asumir el poder de manera transitoria, de acuerdo con los mandatos constitucionales.

En las elecciones convocadas para poner fin al período de transición, el partido de Evo Morales logró reorganizarse y ganar el poder nuevamente y aunque prometieron ir a un proceso de reconciliación, se generaron acciones legales contra Áñez y los ministros de la transición.

Evo Morales regresó al país después de vivir exiliado en Argentina y México, y ahora asegura que lo defenestraron y que todas las denuncias en su contra fueron una patraña orquestada para sacarlo del poder; sin embargo, no explica por qué no se quedó a enfrentar la justicia y por qué otros líderes de su partido no aparecieron durante la crisis política que generó su renuncia y huida de Bolivia.

Hoy ha logrado que Áñez esté tras las rejas, pero la población boliviana ha demostrado un repudio cada vez más fuertes contra Morales. Hace unos días los pasajeros de un avión le gritaban y le recriminaban por su “cobardía” de ir contra la exmandataria, y los ciudadanos de una población hasta le lanzaron huevos a su caravana.