Una derrota humillante, como pocas de las que ha tenido en las últimas dos décadas el chavismo, le ha propinado el dólar al régimen socialista de Nicolás Maduro durante los últimos 12 meses.

Tras sostener durante años un discurso de desprecio hacia la moneda estadounidense y responsabilizarle de todos los males que surgían en la destruida economía venezolana, a finales de 2020 Maduro terminó dando un desconcertante giro en su radical posición y respaldando el uso general de la divisa como herramienta de “resistencia del pueblo”.

El cambio de posición del dictador ya había sido asomado un año antes al admitir que la divisa era una “válvula de escape” a la profunda crisis de Venezuela, a la cual se ha llegado justamente por las políticas económicas del propio chavismo.

Y aunque las principales figuras del régimen siempre se negaron a tener una actitud permisiva con respecto al uso del dólar -elemento al que consideraban como la principal arma de la supuesta “guerra económica” que tenía el “imperio” contra el chavismo-, la realidad les explotó en la cara.

Ya no solo era la cúpula chavista y sus enchufados (los “amigos” que registraban empresas para tener contratos con el Estado) los que usaban y tenían dólares, el resto de los ciudadanos, incluso los más humildes, recurrieron a la divisa estadounidense para tratar de protegerse de la brutal hiperinflación generada por las erradas medidas monetarias de la dictadura, que en el pasado hasta llegó a perseguir y a encarcelar a quienes transaban o guardaban dólares.

Una dolarización indetenible

Hace cinco años los que se manejaban con dólares eran quienes tenían una fuente de ingresos externa, pero desde 2018-2019 casi todo se empezó a vender y a comprar en dólares (casas, carros, enseres del hogar de quienes se marchaban del país, los repuestos de carros, los celulares, las computadoras) y los servicios poco a poco se sumaron a ello.

Sumado a ello, algunas empresas comenzaron a pagar los salarios en dólares para retener a su capital humano y creció la cantidad de remesas enviadas por los venezolanos migrantes.

La realidad era que mientras el régimen trataba de que el ciudadano común no usará la moneda extranjera, hasta los seguidores más pobres del chavismo preferían tener en sus bolsillos un billete verde, ese al que sus líderes habían atacado tanto.

En ese punto poco pudo hacer el régimen con fracasadas reconversiones monetarias (que realmente eran claras devaluaciones) y sus estrategias de marketing monetario que consistían en cambiarle el nombre a la moneda nacional de Bolívar, como históricamente siempre se llamó, a “Bolívar Fuerte” y luego “Bolívar Soberano”.

Cada vez que el chavismo cambiaba el apellido del cono monetario nacional pasaba a quitarle ceros y, en consecuencia, los ciudadanos se iban volviendo más pobres, descendían en un hueco de miseria que no tiene fondo.

 

Venezuela inflation on the black market (DolarToday) on a logarithmic scale (Spanish).png
Escala logarítmica de la hiperinflación de Venezuela (Fuente: wikipedia)

 

Cada proceso de cambio monetario también era un nuevo round entre el capitalismo y el socialismo, el libre mercado y la economía planificada, los ciudadanos y los burócratas. Una pelea en la que, como siempre ha pasado a lo largo de la historia, es evidente que el socialismo finalmente queda tendido en la lona.

Tras haber sido asfixiado el aparato productivo, saqueadas las arcas públicas, empobrecido al extremo al país que en el pasado fue el más próspero y desarrollado de América Latina y llevado a la miseria a 30 millones de ciudadanos, ya ni los seguidores más furtivos del chavismo creen en sus promesas de mejoras económicas, nadie quiere tener bolívares en sus manos. La dolarización parece irreversible.

Dolarización en proceso

El economista Steve Hanke, profesor de la universidad Johns Hopkins e investigador del centro de estudios CATO Institute en Washington DC, desde 2014 señalaba que la mejor alternativa que tenía Venezuela para frenar la espiral inflacionaria que diezmaba el patrimonio y el capital de los ciudadanos, era precisamente una dolarización.

 

El especialista, que ha asesorado y dirigido varios procesos de dolarización en diversos países, incluso en 2017 señalaba que los propios venezolanos buscarían dolarizar la economía, así que esta finalmente llegaría aunque el régimen le pusiera trabas.

El economista Henkel García, analista en Finanzas y Director de Econométrica, en conversación con The Latam Post coincidió en varios aspectos con Hanke y precisó que en Venezuela la dolarización surgió como una respuesta espontánea de los ciudadanos para poder lidiar con el fenómeno hostil de la hiperinflación, la tercera más larga en la historia del mundo, según se refleja en Tabla de Hiperinflación Mundial, a la que el país sudamericano ingresó en noviembre de 2016.

Ante ese escenario de profunda crisis económica era natural que el ciudadano buscará una moneda sólida para poder operar y establecer predictibilidad para la vida cotidiana y empresarial.

Este fenómeno -refiere García- ha ocurrido en otros países de la región como Bolivia, (aunque luego se desdolarizó), Perú y Ecuador.

Cada país tuvo sus particularidades, como en Ecuador, que adoptó una dolarización plena y legal y que se desarrolló sin que hubiese un proceso hiperinflacionario.

Y aunque la dolarización tiene sus aspectos positivos -por ejemplo, sirve de camisa de fuerza para que los gobiernos se limiten en el gasto público-, García aclara que esta por si sola “no es suficiente para sacar a un país de la crisis”.

“Todo proceso de dolarización tiene sus efectos positivos y negativos”, dejó claro el experto, quien también reconoció que en Venezuela ha sido algo caótico por no contar con instituciones que la apoyen.

Uno de los aspectos positivos es que ayuda a la planificación financiera del individuo y el sector empresarial, por lo cual se genera cierta estabilidad económica entre los ciudadanos.

¿Revertir la dolarización en Venezuela?

De acuerdo con García, en este momento es difícil sacar al país de un proceso de dolarización, a diferencia del caso de Bolivia, donde sí lograron revertirlo. Avizora que el uso de la divisa estadounidense acompañará un tiempo largo a la economía venezolana.

“Probablemente en un futuro no lejano tengamos un comportamiento como el que tenemos hoy, pero más estable y de manera más formal, como lo es la convivencia de dos monedas, como el caso peruano, donde el Sol convive con el dólar”, explicó.

También se refirió a la desconfianza del ciudadano en su moneda y destacó que pueden pasar décadas para que los venezolanos vuelvan a tener confianza en su moneda.

“Eso debe ir acompañado de décadas estabilidad macroeconómica, armonía social y políticas acertadas, que por ahora pareciera un escenario lejano para así generar una confianza significativa en la moneda local”, sostuvo.

En ese punto el economista estadounidense difiere y cree que el escenario podría ser definitivo y que la moneda nacional finalmente “saldrá de circulación si continúa el proceso hiperinflacionario”.

¿Peor el remedio que la enfermedad?

Una posición crítica a la dolarización sostiene el economista y decano de la Facultad de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Ronald Balza, quien aseguró a The Latam Post que este proceso no le convendría a Venezuela, porque más que beneficiar a la economía de la nación, esta medida la perjudica.

“Contar con una moneda nacional es importante para evitar los problemas que tenemos actualmente con el dólar que no hay suficiente papel moneda para dar vuelto”, precisó.

“Hay que entender que existen distintos grados de dolarización (…) en el caso venezolano existe un proceso de dolarización con el uso de dólares en efectivo, porque no hay bolívares. También las personas están usando sus ahorros en divisas y por ello hay tanto circulante de dinero, pero esto no significa una recuperación de la economía”, explicó.

Para Balza, el proceso económico que vive Venezuela es lo que realmente ha facilitado las transacciones en divisas, por lo que la preferencia hacia el dólar probablemente sería muy distinta en otro escenario.

El economista estimó inconveniente la eliminación del Bolívar como moneda nacional. “Cuando dicen que no existe confianza en el Bolívar no podemos decir que este ha muerto, pues es solo un instrumento, ya que la desconfianza no es hacía la moneda, sino al Gobierno venezolano por políticas erradas”.

El profesor insistió en la necesidad de evitar la pérdida total de la moneda nacional porque es un recurso necesario con el que el ciudadano podría solventar algunas transacciones pequeñas como la compra de alimentos, combustible y el pasaje del transporte público.

Reportaje redactado en conjunto con Carola Briceño