Otro periodista anuncia su exilio por amenazas de la dictadura de Ortega

Por Ruth Meyerowitz
David Quintana se va al exilio

El periodista y director del medio digital Boletín Ecológico, David Quintana, decidió irse al exilio  después de recibir múltiples amenazas y agresiones por parte de fanáticos de la dictadura de Daniel Ortega, régimen que mantiene más de 120 presos políticos, entre ellos varios comunicadores independientes.

“Hay mucha presión y decidí mejor exiliarme, estoy bien gracias a Dios. He recibido amenazas de fanáticos del régimen”, explicó a la prensa local

Quintana, uno de los mayores críticos del régimen, admitió que el destino de su exilio será un país centroamericano.

Negó que él y otros periodistas hayan incurrido en delitos o acciones ilegales, y sostuvo que los verdaderos antisociales son los que subieron un cartel a las redes sociales pidiendo la detención de él y de los comunicadores Miguel Mendoza; el director del medio digital 66, Álvaro Navarro; y la periodista del medio de comunicación digital Nicaragua Actual, Yelsin Espinoza.

“Llegó el momento en que uno tiene que pensar en salvar su vida, en que uno tiene que considerar resguardarse para poder seguir informando al pueblo de Nicaragua”, dijo Quintana a través de un video publicado en la página de Boletín ecológico.

Reiteró que no dejará de informar. Se tomará una pausa de sus labores en Nicaragua, pero seguirá denunciando las irregularidades y arbitrariedades del régimen sandinista contra los ciudadanos junto con sus constantes violaciones a los derechos humanos de los trabajadores de la prensa libre y la población en general.

Con su exilio, Quintana se convierte en el cuarto periodista amenazado y hostigado que hace público su huida del país en los últimos 15 días.

El régimen de Ortega ha emprendido una persecución feroz contra la oposición en los últimos dos meses, durante los que ha encarcelado a seis candidatos presidenciales, varios dirigentes políticos, tres periodistas, líderes estudiantiles y activistas ciudadanos.

Aunque la comunidad internacional ha impuesto sanciones contra Ortega, su familia y sus colaboradores más cercanos, la dictadura ha arreciado las persecuciones contra todo aquel que muestre ideas contrarias o se atreva a criticar los abusos en el país.

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