Manuel Alejandro Salazar Romero

Abogado con estudios de maestría en economía por la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid - España

La fatal arrogancia

Así tituló Friedric August von Hayek su último libro, el que se publicó en 1988 y en el que se tardó alrededor de 10 años en escribir. La propuesta principal de este texto consistió en reforzar las ideas que previamente había sistematizado en contra del socialismo, sistema entendido como, naturalmente, lo entendería un liberal, es decir, como la pretensión de organizar la sociedad de forma centralizada, incluyendo, por supuesto, la economía. La idea, que no está libre de críticas, en apariencia es sencilla: la planificación centralizada pasa por alto un aspecto indisoluble de la condición humana: la dispersión del conocimiento. Por esta razón se concluye que la información que obtienen los dirigentes es insuficiente para estructurar el complejísimo orden social. En otras palabras, que los gobernantes no poseen toda la información que necesitarían para estructurar los órdenes espontáneos y evolutivos de la sociedad, pues la característica principal del conocimiento es que este se encuentra dividido en la mente de cada individuo, afirmación que ha sido avalada por la neurociencia y por la psicología. En Hayek, así como en cualquier otro individualista metodológico, la sociedad no se entiende como un ente abstracto, sino como el resultado de miles de acciones individuales que, en su mayoría, se coordinan y traen como resultado un orden extensísimo de características únicas moldeadas por las exigencias de las circunstancias de tiempo y lugar. La idea anterior ha sido rechazada, sobre todo, a causa de dos hechos: el primero, el nivel de sofisticación al que ha llegado la recopilación de

EL CAPITALISMO | SEGUNDA PARTE | CRITICAS

Hola a todos. En nuestro vídeo y articulo anterior hicimos un intento por describir el sistema capitalista, en esta ocasión, vamos a ver cuáles son las principales críticas que se le hacen a este sistema de producción. Los reparos más serios al capitalismo han provenido de los académicos socialistas del siglo XIX, quienes reciclaron las ideas que habían surgido, sobre todo, en la Inglaterra de William Thompson y en la Francia de Sismondi. Entre aquellos se destacaron Proudhon, Rodbertus (quien fue el padre espiritual del socialismo científico moderno, pero quien no alcanzó fama por no escribir para las masas), el elocuente Fernando Lasalle y el gran sistematizador: Karl Marx. Basados en la idea de los economistas clásicos de que los bienes son valiosos por el trabajo puesto en su producción, la crítica del socialismo consistió, a grandes rasgos, en acusar al capitalismo de impedir que los trabajadores pudieran apropiarse de la totalidad de los rendimientos de sus esfuerzos, debido a que, al capitalista, es decir, al dueño de los factores de producción, le estaba legitimado usurpar, por gracia de la propiedad privada, una parte de los frutos del trabajo de sus empleados. A esta teoría se le conoció como La teoría de la explotación. Adicionalmente, se ha presupuesto desde los griegos, que el hombre libre en busca de ganancias se envilece y tiende a pasar por encima de los demás para conseguir sus intereses. Contemporáneamente, al capitalismo también se le ha achacado ser el causante de grandes desigualdades sociales, especialmente, en lo que tiene que ver